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Si volviese a nacer, volvería a ser periodista, y volvería a ser feliz

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Comunicar desde cualquier soporte, escribir en cualquier plataforma, encontrar nuevas formas para transmitir mensajes, descubrir aplicaciones y herramientas que faciliten mi trabajo y que me den acceso a otras posibilidades de informar a los usuarios. Ese es mi día a día y, además, "todo el día la niña en el Facebook" ¿a que mola? Os lo cuento.

El periodismo es informar, compartir lo que averiguas... pues Internet es la vía más grande de comunicación que tenemos hoy en día. No he revelado ningún secreto universal, no. Pero es que más a menudo de lo que me gustaría me preguntan: ¿has dejado el periodismo para ser Community Manager? quienes me conocen bien saben que odio esa expresión, que no me defino como CM, que soy periodista y que comunico a través de cualquier canal -y cómo me gusta repetir esa milonga-. En fin, que la respuesta es no, que no he dejado el periodismo. Y no actualizar este blog con la asiduidad que debiera no significa que haya dejado de escribir y que no aparezca mi nombre entre las hojas de un diario, tampoco.

Si volviese a nacer volvería a ser periodista, una y cien mil veces, y seguramente me volvería a especializar en Internet (o no) y volvería a sacarle la lengua a aquellos que dijeron que ser periodista era para morirse de hambre y, de paso, a todos los que me dijeron que he tenido mucha suerte.

Sí, he tenido suerte, pero no de encontrar trabajo, sino quizás por haber sentido pasión por el mundo digital desde el primer día que alguien me habló de lo que era un blog y cuando empecé a meterme en el maravilloso mundo de lo que alguien denominó "Periodismo Electrónico", allá por 2006.

Hoy, mi trabajo es sobre todo, pensar, pensar en cómo llegar al público, ponerme en el lugar de la gente que me recibe y transmitir lo que yo quisiera recibir en su lugar. Pensar locuras que hagan sonreir a la gente, mezclar estrategia con creatividad y crear la necesidad de compra de un producto. En analizar a los usuarios, ver sus impulsos y, sobre todo, generar contenidos que provoquen más de esos impulsos.

He conseguido unir todas mis pasiones en una y, si tengo suerte en algo, tengo la gran suerte de que me guste mi trabajo. Y sí, soy periodista y, además, por vocación y, además, os puedo contar mis primeros pasitos en este universo, pero mejor otro día.



Seis kilómetros de inquietudes en silencio

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Unas viejas zapatillas de la ESO, una camiseta de publicidad de la Zona Indie, un pantalón de deporte de algodón que mejor no echarle años porque sería mala educación; mi iphone, unos cascos a punto de morir, y yo, que he quedado peor que los cascos.

Sí, he decidido salir a correr. Sola, por primera vez en mi vida. Y si a Daniel Seseña le valió ir a la compra para actualizar su blog, bien me vale a mí este acontecimiento para hacer lo propio, que la ocasión lo merece.

En primer lugar. Algo que me inquieta soberanamente; si la gente no lleva bolsillos (que me he fijado), ¿¿en qué agujero secreto guardan sus cosas?? ¿De dónde salen sus cascos? Yo no sé dónde guardar el móvil. Nótese que uso mi iphone como ipod, por lo que es justo y necesario llevarlo. Total, que he decidido guardarlo donde mi cadera pierde su nombre -antes de convertirse en muslo-; pero la transpiración me ha llevado a determinar que no era tan buena idea… y llevarlo en la mano me incita a contestar a los whatsapps de mis ociosos amigos, pero al primer intento he tropezado, y sabiendo de mi naturaleza torpe, he decidido dejarlo para después.

Segundo: ¿las llaves? ¿nadie vive solo? ¿todo el mundo tiene adorable vecina que le guarda las llaves? Pues yo no, y me he fijado. Y creo que era la única del recorrido con las llaves colgando de la goma del pelo que llevaba en la muñeca…

En fin, que hay gente muy profesional, equipadísimos con ropa que brilla en la oscuridad y relojes superpoderosos en sus muñecas con muchos botones que me muero por toquetear. Se saludan unos a otros con tanta chulería como costumbre, esos guiños de ojo, levantamiento diagonal de cabeza o alzada de brazo sin perder el ritmo ni la respiración. Yo me he encontrado a Diego, un compañero de trabajo, y he deseado por un instante que me dijese: ¿nos sentamos en un banquillo a charlar y descansar? pero no, eso no iba a pasar; y ahora estoy súper orgullosa.

Otros personajes interesantes son las señoras en grupo, con indumentaria graciosa, tan entradas en años como en carnes pero con una resistencia y agilidad que para mí las quisiera yo. Esas conversaciones de pucheros, nueras, chismes y vecinas paso tras paso, que una no sabe si adelantarles o unirse a la conversa. Quien me conozca bien sabe que optaría por la opción B. Pero hago saber que las he adelantado y, en la segunda vuelta, les he saludado con el levantamiento de cabeza diagonal de toda una profesional.

De vuelta a casa, seis kilómetros y mucha angustia después, me he dado cuenta del verdadero problema: que iba sola y no tenía con quién hablar. Es cierto, no sé estar callada y me apetecía sacarle conversación hasta a los árboles. Pero entonces, Eliza Doolittle ha sido reemplazada por la sintonía de llamada. Mi primo. Me ha encantado decir a alguien: "dime, te escucho, estoy corriendo". Y, después de invitarme a una fiesta para mañana, me ha hecho un par de preguntas sobre Foursquare y una duda sobre Twitter.

Tras contestar me he dado cuenta de algo. Que correr me ha hecho pensar en todo, pero ni me había geolocalizado, ni había twitteado. Así que esto era algo grande, tan grande como para escribir un post. Y tan grande, como para volver mañana para hacer checkin en la ciudad deportiva, que se me ha olvidado, y que no se diga que no he ido ;-)