Si vas a Minsk, haz gárgaras

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Me encanta viajar y coleccionar recuerdos e historias divertidas. Pero también me encanta que mis amigos me cuenten sus historias divertidas de sus viajes y de esas, tengo muchas.

Mi amiga Lorena, que por trabajo frecuenta mucho los países del este, me trae una de las mejores historias que he oído. Tan buena, que merece un post en el blog. Y hace tiempo que se lo debía.

Al más puro estilo @TaxiOviedo, pero con un toque folklórico divertido, un taxista bielorruso ofrece sus servicios de recogida de pasajeros en el aeropuerto de Minsk. Seguramente no tiene wi-fi en su taxi, ni se puede hacer check-in con Foursquare en su bólido, pero el paseo con este taxista es, cuanto menos, twitteable.

Cuando subes al taxi, nuestro amigo Сергей tiene la cámara preparada, y una amplia discografía catalogada por países… y empieza la función! Anima a sus pasajeros a cantar una canción típica de su país de origen y, si te vienes arriba, ¡tu himno nacional te espera! Graba a todo intrépido cantante y subelos vídeos a Youtube en un canal donde este amante de la música ofrece sus servicios desde su puesto de trabajo. Cantantes frustrados, vuestro minuto de gloria os espera en Bielorrusia ;)

Olé por este otro taxista 2.0 que hace de su trabajo una diversión. Sin duda, por qué no, es una razón para querer visitar Minsk. No sé vosotros, pero yo, si voy a Bielorrusia, quiero conocer al taxista más guay del este de Europa.


Aquí os dejo algunos de sus vídeos más divertidos:


En infinitivo

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Fluir y ser feliz. Aprender, caminar, guiñar un ojo (dos veces), confiar y seguir. Respirar y apostar. Pasarlo mal, un ratito, que da igual; que luego volvemos a respirar, a confiar y seguir.
Y bailar, que nunca está de más. Y que todo nos dé igual. Pero luego, con camisa, volver a guiñar (dos veces, que mola más). 
Volar sin pensar, reír hasta llorar, de cualquier cosa, que va a dar igual. Y abrazar, sentir y mirar. Ver los días pasar y sonreír, para vivir, para fluir y ser feliz.
Volver a empezar, volver a dormir para despertar, y caminar, a tu ritmo, que da igual. Pasear por cualquier lugar y llegar allí donde podamos brindar. 
Planear, para poder improvisar, imaginar para poder inventar y soñar, para poderlo realizar.
Y al final, todo es querer, en infinitivo, y ya está.

2013. Punto y seguido

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Creo que a 2013 le llamaré, mi año de playmobil, por muchas razones que me hacen reir. Por llaveros que me regalaron, por llaveros que regalé. Por clics que conocí y con quienes me reí. En fin, qué bien.

Marquesita me ayudaba el otro día a analizar y a reírme de cada uno de los momentos surrealistas que han acontecido este año.  He repartido risas por Alicante, Madrid, Londres, Granada, Sevilla, Medellín, Nairobi y el Mara. He disfrutado al máximo de mis amigos, he conocido a gente increíblemente genial. He patinado, me he caído mil veces, y me he levantado dos mil.

He saltado, me he agachado, le he dado la mano a la imaginación, para ayudarle a encontrar la ilusión. La ha encontrado y me he alegrado.

Le he dado al play. He querido rebobinar, pero me he dado cuenta de que la función ya había empezado y que había que continuar.

He olvidado, he aprendido, he enseñado, he compartido, he sonreído todo lo que he podido. He llorado mucho, pero de risa. Y las lágrimas de pena, se quedaron todas en Kenia, con una promesa.



Al 2014 le pido más risas con Lara y Patt, más genialidades con Mónica, Margo y Raquel, más visitas a Eva, más noches de verano, más días de playa, más descubrimientos con William, más Carlos Carlos, más festivales, más domingos de huerta, más meriendas con Jaimito, más paellas en la Isla, más momentos con Lu, más noches increíbles, más buenas tardes por la noche, más #claroclaro, más bromas de Iván, más regañinas de Moi, más 'cuéntame más', más carcajadas con Sil, más choripanes con Pez, más chistes con Tinoco, más visitas de Margui, más días de cocina con Nanajaru, más cervezas con Alf, más viajes, más maletas, más historias sobre un gran pueblo con kiwis, más complicidad con Vin, más mimos de mis papás, más ratitos con mi bro, más alegrías con el pequeprimo que viene en camino, más sorpresas, más ilusiones, más sonrisas y más ganas de seguir disfrutando… porque al 2013, no le puedo pedir más.


Gracias a todos los que habéis contribuido a mi felicidad :)

Ashi oleng, rafikis

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Celosos de su intimidad, tímidos por naturaleza y salvajes por formación. Generosos, con miradas penetrantes, con inmensa paz interior y tan dispuestos a dar como a conocer todo lo que hay detrás de las acacias del Mara.

Las sonrisas amables del primer día se convirtieron en lágrimas de dolor y vacío el último día, cuando todos los momentos se quedaron en recuerdos alrededor de la hoguera.

Mónica, Raquel, Margo y Cristina pasaron a ser Naserien, Namunyak, Namelok y Nashipai, la adaptación, la fortuna, la dulzura y la felicidad en cuatro blancas que fueron maasais durante dos semanas, y fueron felices.



Compartimos, vivimos y fluimos. Cantar melodías impronunciables, ir a dormir con los sonidos de los babuinos, las cebras y las hienas y despertar entre pájaros con la voz de Manchau o Saitoti. Kejaa enkakenya que seguíamos con un Enkakenya sidai. Porque así estábamos, sidai oleng, kesepa, hasta el Enkaarie Sidai y mañana más.

Madrugar importaba entre cero y nada, porque despertarte para ver amanecer entre elefantes era genial, pero compartirlo con cualquiera de los ocho guerreros que nos acompañaban, era espectacular.

Ir al mercado a comprar fruta, ver negociar con vacas y cabras, tomar una ‘soda’ en un bar improvisado en un poblado, merendar chappati y té en la manyatta con las mujeres, pulsos chinos con guerreros, sortearnos vacas, intercambiar pertenencias, mirarnos y entendernos, reírnos sin hablarnos y abrazarnos para sentirnos.


Me quedo con el cariño de William, con la fortaleza de Ntimama, con la sonrisa de John, las palabras de Alex, la complicidad de Sam, la mirada de Manchau, la picardía de Peter y los juegos de Francis. Da igual el idioma y da igual la cultura, porque la amistad no entiende de minucias.

El corro de la patata, en maasai, es mejor, y mucho más si lo dirige el pequeño Dominique, o Kuntai, nuestro Manolete de 3 años con la sonrisa más bonita de la galaxia, que se pronunciaba cuando jugábamos a cazar a la luna, que se escondía en nuestros bolsillos en forma de linterna.

Ahora nos queda el recuerdo, las llamadas telefónicas esporádicas y todos los planes de futuro, porque tenemos que volver para recordarles nuestros bailes y canciones y para no olvidar que hay un paraíso llamado Maasai Mara donde aprendimos a vivir con plenitud.


Ashi Oleng. Oleng Sere.

P.D. Gracias a ADCAM por hacer posible todo esto. Si quieres vivir esta experiencia: Entra AQUÍ ;)

Si volviese a nacer, volvería a ser periodista, y volvería a ser feliz

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Comunicar desde cualquier soporte, escribir en cualquier plataforma, encontrar nuevas formas para transmitir mensajes, descubrir aplicaciones y herramientas que faciliten mi trabajo y que me den acceso a otras posibilidades de informar a los usuarios. Ese es mi día a día y, además, "todo el día la niña en el Facebook" ¿a que mola? Os lo cuento.

El periodismo es informar, compartir lo que averiguas... pues Internet es la vía más grande de comunicación que tenemos hoy en día. No he revelado ningún secreto universal, no. Pero es que más a menudo de lo que me gustaría me preguntan: ¿has dejado el periodismo para ser Community Manager? quienes me conocen bien saben que odio esa expresión, que no me defino como CM, que soy periodista y que comunico a través de cualquier canal -y cómo me gusta repetir esa milonga-. En fin, que la respuesta es no, que no he dejado el periodismo. Y no actualizar este blog con la asiduidad que debiera no significa que haya dejado de escribir y que no aparezca mi nombre entre las hojas de un diario, tampoco.

Si volviese a nacer volvería a ser periodista, una y cien mil veces, y seguramente me volvería a especializar en Internet (o no) y volvería a sacarle la lengua a aquellos que dijeron que ser periodista era para morirse de hambre y, de paso, a todos los que me dijeron que he tenido mucha suerte.

Sí, he tenido suerte, pero no de encontrar trabajo, sino quizás por haber sentido pasión por el mundo digital desde el primer día que alguien me habló de lo que era un blog y cuando empecé a meterme en el maravilloso mundo de lo que alguien denominó "Periodismo Electrónico", allá por 2006.

Hoy, mi trabajo es sobre todo, pensar, pensar en cómo llegar al público, ponerme en el lugar de la gente que me recibe y transmitir lo que yo quisiera recibir en su lugar. Pensar locuras que hagan sonreir a la gente, mezclar estrategia con creatividad y crear la necesidad de compra de un producto. En analizar a los usuarios, ver sus impulsos y, sobre todo, generar contenidos que provoquen más de esos impulsos.

He conseguido unir todas mis pasiones en una y, si tengo suerte en algo, tengo la gran suerte de que me guste mi trabajo. Y sí, soy periodista y, además, por vocación y, además, os puedo contar mis primeros pasitos en este universo, pero mejor otro día.



Seis kilómetros de inquietudes en silencio

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Unas viejas zapatillas de la ESO, una camiseta de publicidad de la Zona Indie, un pantalón de deporte de algodón que mejor no echarle años porque sería mala educación; mi iphone, unos cascos a punto de morir, y yo, que he quedado peor que los cascos.

Sí, he decidido salir a correr. Sola, por primera vez en mi vida. Y si a Daniel Seseña le valió ir a la compra para actualizar su blog, bien me vale a mí este acontecimiento para hacer lo propio, que la ocasión lo merece.

En primer lugar. Algo que me inquieta soberanamente; si la gente no lleva bolsillos (que me he fijado), ¿¿en qué agujero secreto guardan sus cosas?? ¿De dónde salen sus cascos? Yo no sé dónde guardar el móvil. Nótese que uso mi iphone como ipod, por lo que es justo y necesario llevarlo. Total, que he decidido guardarlo donde mi cadera pierde su nombre -antes de convertirse en muslo-; pero la transpiración me ha llevado a determinar que no era tan buena idea… y llevarlo en la mano me incita a contestar a los whatsapps de mis ociosos amigos, pero al primer intento he tropezado, y sabiendo de mi naturaleza torpe, he decidido dejarlo para después.

Segundo: ¿las llaves? ¿nadie vive solo? ¿todo el mundo tiene adorable vecina que le guarda las llaves? Pues yo no, y me he fijado. Y creo que era la única del recorrido con las llaves colgando de la goma del pelo que llevaba en la muñeca…

En fin, que hay gente muy profesional, equipadísimos con ropa que brilla en la oscuridad y relojes superpoderosos en sus muñecas con muchos botones que me muero por toquetear. Se saludan unos a otros con tanta chulería como costumbre, esos guiños de ojo, levantamiento diagonal de cabeza o alzada de brazo sin perder el ritmo ni la respiración. Yo me he encontrado a Diego, un compañero de trabajo, y he deseado por un instante que me dijese: ¿nos sentamos en un banquillo a charlar y descansar? pero no, eso no iba a pasar; y ahora estoy súper orgullosa.

Otros personajes interesantes son las señoras en grupo, con indumentaria graciosa, tan entradas en años como en carnes pero con una resistencia y agilidad que para mí las quisiera yo. Esas conversaciones de pucheros, nueras, chismes y vecinas paso tras paso, que una no sabe si adelantarles o unirse a la conversa. Quien me conozca bien sabe que optaría por la opción B. Pero hago saber que las he adelantado y, en la segunda vuelta, les he saludado con el levantamiento de cabeza diagonal de toda una profesional.

De vuelta a casa, seis kilómetros y mucha angustia después, me he dado cuenta del verdadero problema: que iba sola y no tenía con quién hablar. Es cierto, no sé estar callada y me apetecía sacarle conversación hasta a los árboles. Pero entonces, Eliza Doolittle ha sido reemplazada por la sintonía de llamada. Mi primo. Me ha encantado decir a alguien: "dime, te escucho, estoy corriendo". Y, después de invitarme a una fiesta para mañana, me ha hecho un par de preguntas sobre Foursquare y una duda sobre Twitter.

Tras contestar me he dado cuenta de algo. Que correr me ha hecho pensar en todo, pero ni me había geolocalizado, ni había twitteado. Así que esto era algo grande, tan grande como para escribir un post. Y tan grande, como para volver mañana para hacer checkin en la ciudad deportiva, que se me ha olvidado, y que no se diga que no he ido ;-)

¿Quién financia mis ideas?

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Una buena idea o un proyecto genial a veces no es suficiente para llevarlo a cabo, ¿cómo lo financiamos? sin ayuda de entes públicos o privados sólo nos queda recurrir al Crowdfunding o la Financiación Colectiva, un nuevo modelo que permite financiar nuestros proyectos con la suma de pequeñas aportaciones económicas de nuestro propio público objetivo.
Pero claro, para llegar a este público hay que tener en cuenta conceptos como la transparencia radical o el retorno. Por ello, para aprender todo sobre este sistema, BlackBox_Innova organiza en el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia la Jornada Crowdfunding o la Financiación Colectiva que tendrá lugar el próximo 17 de enero de 17 a 20 horas. Allí, empresarios, gestores de proyectos y representantes de plataformas de crowdfunding hablarán de este sistema de financiación en masa.
La asistencia es gratuita, pero hay que confirmar asistencia en este formulario.
Para más información, aquí tenéis el PDF donde podéis ver el programa completo.
Vía tuyyoqué